Intervenciones

Paolo BOSSO

Giornalista e redattore

Informazioni Marittime

(Italy)


La Ciudad Portuaria del mañana será smart

Durante la 14a Conferencia Mundial de la AIVP, las ciudades portuarias se enfrentan al desafío del desarrollo sostenible. Se convierten en “Seatropolis” y crean proyectos que comprometen a los ciudadanos y favorecen el desarrollo de una industria portuaria que se integre mejor en la dinámica urbana.
La convivencia entre zona urbana y zona portuaria en una ciudad frente al mar es un tema muy actual. En ella se recogen desafíos urbanísticos, sociales y ambientales que se resumen en la necesidad de crear, no solo ciudades portuarias económicamente floridas, sino también “smart”. Es decir, que organicen de manera inteligente la convivencia existente entre el espacio urbano de la ciudad y el espacio industrial del puerto. En otras palabras, la ciudad portuaria tiene que invertir en el bienestar social y que cuyo objetivo no sea solamente el imperativo de ganar dinero sino que también, incluso antes, el que la misma sea vivible, en un mundo con una economía globalizada dentro de un clima de cambios profundos.
Este fue el escenario principal tratado en la World Conference Cities and Ports de la AIVP que cada dos años se lleva a cabo en una ciudad portuaria en vía de desarrollo y cuyo objetivo es el de dar la posibilidad a arquitectos, operadores de puerto, economistas, profesores, sociedades privadas e instituciones de presentar sus proyectos, sus ideas para mejorar los negocios de los puertos, hacer mas vivible una ciudad portuaria o, por qué no, lograr que coincidan ambas exigencias. Este año la 14th AIVP World Conference Cities and Ports se llevó a cabo en la ciudad sudafricana de Durban, desde el 3 hasta el 6 de noviembre, después de haber visitado, desde 1988, los puertos de Le Havre, Barcelona, Montreal, Buenos Aires, Estocolmo, Dakar, Dalian, Sidney, Lisboa, Genova, Montevideo, Marsella, Nantes y Saint-Nazaire.
En estos últimos años, puertos como Riga y Rotterdam en Europa, Vancouver y San Diego en Norte America, Durban y Douala en Africa, Shenzhen y Hong Kong en China; para citar algunos de los representantes de estos puertos que intervinieron en el evento sudafricano y que se han desarrollado muchísimo, no por esto, sin dejar de dar muchos dolores de cabeza a la logística que cada vez tiene que enfrentarse con desafíos ligados estrechamente a la organización de los espacios y al transporte por vía tierra de las mercancías provenientes por vía marítima o fluvial.
Estos proyectos cambian de una ciudad-puerto a otra pero se pueden resumir sustancialmente en dos tipologías: aquellas que quieren mantener separadas los puertos de las ciudades y aquellas que quieren crear una especie de contaminación urbana. La primera establece un acercamiento “industrial” que coloca en primer plano los negocios, mira los intereses de los operadores del puerto y da por hecho que las exigencias de los ciudadanos se tengan que adecuar a las de los primeros. La segunda escuela de pensamiento por otro lado, toma en cuenta las exigencias de la ciudad, pero de manera “sistémica”: la ciudad-puerto tiene que ser vivible y al mismo tiempo mantener el industrialismo del puerto, por consiguiente, es necesario satisfacer de la misma manera las exigencias logísticas del puerto así como las exigencias sociales de la ciudadanía, siempre y cuando quiera valorizar las dos.
El acercamiento sistémico de la gestión de una ciudad-puerto y la smart port city. ¿Qué significa? «La smart port city es un concepto utilizado últimamente en el ámbito urbanístico para concebir una ciudad-puerto post-industrial que junte las últimas soluciones tecnológicas en el ámbito urbanístico y ambiental, creando una ciudad-puerto siempre más vivible y al mismo tiempo económicamente florida» explica Carlos Moreno, consejero científico de la Cofely Ineo de la Gdf Suez, una de las mas grandes empresas energéticas francesas. «En una megalopolis – continúa - viven aproximadamente unos diez millones de personas. Tokyo, en el 2050 llegará a los 37 millones. En este contexto la vida urbana es frágil. La smart city, en el caso de una ciudad de puerto, la smart port city crea una ciudad vivible antes que económicamente rica».
Según los últimos datos de la sociedad de networking Cisco, en el 2030 la demanda energética crecerá del 30%. En los próximos cincuenta años, cinco millardos de personas pertenecerán a la clase media según Barbara Fluegge, manager de la empresa de software suiza SAP, pero al mismo tiempo la mitad de la población mundial tendrá dificultad de acceso a los recursos hídricos. En este contexto, Markus Wissmann, manager Cisco, considera que los big data, la infraestructura de datos informáticos, facilitarán la organización logística de los puertos. «Los big data - explica – doblan su cantidad cada dos anos y dentro de unos diez años tendremos ocho millardos de dispositivos conectados. No estamos hablando de teléfonos móviles, bien sí de refrigeradores, basureros, etc- es Internet, mas que de las cosas; de cualquier cosa [everything]. Los big data crearán una única infraestructura informática que conecta entre ellos hospitales, instituciones y naturalmente, puertos». Las ciudades portuarias, según Wissmann, se convertirán en seatropolis, como Hamburgo en el norte de Europa, ejemplo virtuoso de logística para el puerto y acogida social. Las seatropolis concentrarán sus actividades principales en el mar, con las actividades de los puertos y la digitalización como infraestructuras fundamentales para la sociedad.
Los proyectos presentados durante los tres días de conferencia en Durban para hacer de las ciudades de puerto ciudades mas vivibles, fueron muchos y muy difíciles para poderlos enlistar de manera completa y exhaustiva. Por ejemplo Helsinki – Finlandia, está comprometida desde hace años en un proyecto muy grande de expansión residencial hacia el este. Un ejemplo de “reconquista” de la ciudad sobre el puerto: las casas se construirán en aquellos lugares donde antes residía un terminal para contenedores. Transnet National Ports Authority, organismo que gestiona los ocho puertos de Sudáfrica (Richards Bay, Durban, East London, Ngqura, Port Elizabeth, Mossel Bay, Cape Town, Saldanha), se inspira en los taxis de Tokyo y en la informatización de la escala de Hamburgo para gestionar las ciudades-puertos de su jurisdicción. Anvers, en Bélgica, ha desarrollado la Port of Antwerp app, una aplicación que empuja a los ciudadanos a conocer las actividades de su enorme puerto (13mil hectarias) con un quiz de respuesta múltiple. Rotterdam presentó 4FOLD, el primer contenedor plegable que podría aligerar el “transporte de aire”, el fenómeno del transporte de contenedores vacíos, representa el 60% de los que le dan la vuelta al mundo. El sistema fluvial de Ghent-Bruxelles quiere reciclar casi todos los desechos del puerto. Durban quiere renovar la arteria vial de 600 kilómetros que la conecta a Johannesburg, tratando de separar el tráfico urbano del de los medios pesados para así descongestionar el tráfico. Rotterdam quiere alimentar en energía una urbanización residencial reutilizando las emisiones de la industria pesada.
No faltan proyectos relacionados con los próximos 20 – 30 años. Port Elizabeth quiere darle un nuevo lanzamiento a la pesca, puesta de rodillas por la piratería y la escasez de recursos, planificando hasta el 2030 un mercado in loco de la hilera que va desde la pesca hasta la elaboración final. Los puertos de Mauritius tienen diez proyectos de waterfront por los próximos diez años. El puerto estadounidense de San Diego tiene un programa hasta el 2020 para reducir las emisiones del puerto del 10%, casi de la mitad para 2060 empujando, sobretodo, el cold ironing, energía solar y eólica.
¿Cómo lograr la convivencia entre el puerto y la ciudad cuando los mismos están comprendidos en poco espacio? El puerto italiano de Genova y el de Riga en Letonia tienen proyectadas varias soluciones. En Genova 595 mil personas viven en 243 Kilómetros cuadrados pegados al puerto. Edificios concentrados y atravesados por distintos cursos de agua. Una situación que aunque regale belleza, pone seriamente en riesgo la seguridad. Fue así, que en el 2010 creó la Genoa Smart City Association (GSCA) que realizó un plan energético ambiental para el puerto que se orienta hacia el eólico sobre la diga, fotovoltaico y sobre todo cold ironing. Riga, por otro lado, un puerto fluvial que tiene que convivir junto con el centro histórico, colocando a los ciudadanos en un estrecho contacto con los operadores del puerto y de esta manera, creando una convivencia difícil. Fue así que el municipio tuvo una idea simple pero eficaz, propuso una consulta pública. En ella fueron interpeladas las 58 urbanizaciones de la ciudad y preguntándoles qué era lo que consideraban que no funcionaba en Riga. Esta iniciativa fue un éxito y permitió determinar una visión de los problemas y de la cual desarrollar una solución urbanística o por lo menos, una sana convivencia.
El tema de esta 14ta conferencia AIVP de Durban fue la smart port city. «Desde el punto de vista ambiental - explica Nicolas Mat, investigador de Ecole Des Mines d’Ales es una profunda transición energética que implica las costumbres de las personas y es una de las cosas más difíciles de realizar». «Si analizamos las formas de producción de energía – explica Jan Schreuder, Chief energy officer del puerto holandés de Zaanstad – notamos que las energías fósiles tradicional, altamente contaminante, es estable y no tiene problemas particulares para su distribución y black-out; la renovable es, por otro lado, altamente inestable, si nos ponemos a pensar que la energía solar o la eólica bajan drásticamente cuando faltan luz y viento. ¿Cómo resolver este obstáculo que hace imposible la transición energética de una sociedad industrial dependiente del carbón y del petróleo a una pos-industrial que pueda prescindir de los mismos?» Esta pregunta se la plantea Schreuder. «La llave – responde - está en la flexibilidad del consumidor. Si los consumidores se sintieran llamados a participar en esta causa y en la producción de energía, os garantizo que su flexibilidad daría la mayor estabilidad posible para el suministro de las energías renovables».
El futuro de la smart port city es un desafío ambiental y social, antes que económico. «Es necesario tomar en cuenta que la ecología industrial será increíblemente complicada» concluye el investigador francés Nicolas Mat. «Una ciudad-puerto inteligente es aquella que pone en acto una transición energética implicando las costumbres de las personas, una de las cosas más difíciles de hacer. El puerto del futuro tendrá que llevar a cabo las tareas solo en términos de la mejor gestión posible de los recursos».

Paolo Bosso, giornalista e redattore di Informazioni Napoli
Articulo traducido del italiano.